La ciudad de Alcalá de
Henares, que aspira ahora a convertirse en Capital Europea de la
Cultura en 2016, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO el 2 de diciembre de 1998. Este reconocimiento no se circunscribe únicamente
al rico patrimonio histórico y artístico que atesora
la ciudad complutense, ya que en la declaración se destaca
la trascendente aportación de Alcalá a la cultura
universal especialmente en los siglos XVI y XVII.
A lo largo de sus 2000 años de historia romanos, musulmanes,
judíos y cristianos, han forjado la ciudad de Alcalá de
Henares, dejando su impronta y su huella en suntuosas o humildes
construcciones, en bellos rincones, calles y plazas que hoy podemos
disfrutar.
La gran Complutum, que citara
Cervantes en El Quijote, se hace visible en importantes yacimientos
arqueológicos que sacan a la luz, tras veinte siglos de
oscuridad, los magníficos restos del foro municipal, grandes
casas privadas, o edificios singulares como la Casa de Hippolytus,
en los que podemos admirar vistosos mosaicos o excelentes pinturas
murales.
La ciudad medieval, que surgió en torno
a la Catedral-Magistral de los Santos Niños, fue un ejemplo
de modélica convivencia de las tres culturas. La calle Mayor,
arteria principal de la ciudad, albergaba una importante y poderosa
judería, los musulmanes se situaban en los alrededores de
la calle Santiago y el caserío cristiano creció junto
al templo martirial. Este pasado plural, de integración
y respeto a culturas y tradiciones diferentes, se ha mantenido
hasta nuestros días, de forma que hoy Alcalá sigue
siendo una ciudad de acogida que cuenta con más de 40.000
vecinos procedentes de otros países.
Los poderosos Arzobispos de Toledo, señores
de la ciudad desde la reconquista, embellecieron y fortificaron
la villa dotándola de potentes murallas que todavía
hoy podemos admirar. El Palacio Arzobispal, construido por estos
prelados, fue testigo de numerosas cortes y concilios, convirtiéndose
en residencia habitual de la monarquía, hasta el punto de
ver nacer entre sus muros a reyes, príncipes e infantes
y de ser el lugar elegido por la reina Isabel la Católica
para recibir a Cristóbal Colón, iniciándose
así en Alcalá de Henares la aventura americana.
Fue un Arzobispo de Toledo, Francisco Ximénez
de Cisneros, el que en 1499 fundó la Universidad de Alcalá que
convirtió a la vieja Compluto en un gran centro intelectual
de la Europa de los siglos XVI y XVII, viviendo la ciudad en estas
centurias su momento de máximo esplendor. La huella de aquella época
dorada puede verse en nuestros días contemplando los antiguos
colegios universitarios. El Colegio Mayor de San Ildefonso, en
cuyo Paraninfo se entrega cada año el Premio Cervantes de
literatura, fue el primero de una larga lista fundaciones, religiosas
o seglares, que convirtieron la ciudad universitaria ideada por
Cisneros en el modelo de Ciudad del Saber y Ciudad de Dios imaginada
por San Agustín.
Políticos, literatos, santos y científicos
del Siglo de Oro reconocidos en toda Europa se formaron en la Universidad
de Alcalá. Intelectuales de la talla de Francisco de Quevedo,
Lope de Vega, Calderón de la Barca, Arias Montano, Fray
Luis de León, San Ignacio de Loyola o el Cardenal Gulio
Mazarino, son una muestra de la extensa nómina de alumnos
o profesores que convirtieron nuestra ciudad en el gran centro
del pensamiento Europeo de los siglos XVI y XVII. El nacimiento
de Cervantes en Alcalá de Henares el año 1547, viene
a completar la gran aportación a la cultura universal de
la ciudad.
Alcalá hoy, con sus más de 200.000
habitantes, es una ciudad joven, moderna, dinámica e integradora
que se siente orgullosa de su pasado y que mira ilusionada al futuro
mediante su aspiración a ser declarada Ciudad Europea de
la Cultura en 2016. |